En esta sociedad moderna, el ruido artificial está en todas partes. La tele, la radio, los coches, los bares, la gente en el trabajo, la gente en la calle, la gente en los centros comerciales, todo el mundo hablando, o gritando.
Hay tantísimo ruido “no natural” a nuestro alrededor, que lo hemos normalizado.
Personalmente, siempre me ha molestado el ruido. Siempre he necesitado espacios de silencio para reequilibrarme.
Espacios de naturaleza, paseos en silencio, percibir los olores, despertar escuchando los pájaros, escuchar el sonido del mar.
Espacios de calma mental.
En el silencio, he podido darme cuenta de cómo estoy, de qué quiero, de qué necesito. Para hacerlo posible, es necesario detenerse, parar. Este es el primer paso.
El segundo paso es, darnos cuenta de la cantidad de ruido interno que llevamos en la mente. Ese ruido, también es artificial, no es natural.
En las prácticas de mindfulness, invito a observar ese ruido y a ponerle un número, del 1 al 10. Muy a menudo, el 10 se queda corto para la cantidad de pensamientos que hay en la mente. Muchos de ellos, acerca del trabajo y los problemas del trabajo.
El tercer paso, es ser capaces de entrenar la mente para empezar a silenciar, además del ruido externo, el ruido interno. Ambos ruidos, son artificiales. No provienen de la verdadera naturaleza humana, sino de la perversión de nuestra naturaleza.
De hecho, damos tanta fuerza a los pensamientos, que nos confundimos con ellos. No soy capaz. No avanzo. Mi vida es un desastre. Este trabajo me va a matar. Tengo angustia. Tengo ansiedad. Soy un fracaso.
Alguien dijo que no tienes por qué creerte tus pensamientos. Estoy de acuerdo.
Un pensamiento es solo un pensamiento, no eres tú. Es una frase, una palabra, una imagen, estas son las formas-pensamiento.
A esa fusión con el pensamiento, se le denomina en mindfulness “identificación”.
Cuando tu mente parlotea en negativo, porque estás sufriendo,
sin darte cuenta de que solo son pensamientos activados, fruto del estrés;
sin darte cuenta de que se activan emociones, fruto del estrés;
sin darte cuenta de que no eres ni los pensamientos, ni las emociones…
Te fusionas, te identificas con eso. Crees que eres eso. Te pierdes en tu narrativa mental.
Cuando te fusionas con algo, no puedes gestionarlo, simplemente eres eso.
Pero si te digo que lo negativo que piensas sobre ti, es fruto del estrés que vives.
Que solo es un pensamiento, que detona una emoción, y otra, y otra más, creando una pesadilla en tu mente, creando sufrimiento en tu vida…
Si te digo que nada de esto eres tú, entonces, puedes desmontarlo, gestionarlo, darle la vuelta.
Muchas personas, cuando empiezan a entrenar su mente, no son capaces de parar. Parar significa salir del ruido externo, y entrar a escuchar el “ruido interno”.
Este ruido, con todas las historias que llevamos, suele ser tan abrumador que cuesta escucharlo.
Por eso, a menudo el silencio resulta incómodo.
En general, la sociedad actual evita el silencio. Precisamente, para evitar que puedas conectar contigo, con tu espacio interno.
Ver qué hay. Ver que eres algo más amplio que tus pensamientos. Tomar el control sobre ellos. Cuestionar tus creencias.
Dejar ir lo que no te sirve. Transformar lo que piensas. Transformar tu vida.
Soy capaz. Estoy avanzando. Mi vida es un regalo que voy a aprovechar. El estrés en el trabajo no puede conmigo, aprendo a gestionarlo. En este momento, experimento ansiedad, pero yo no soy la ansiedad. Es un proceso transitorio, como el estrés, como el burnout. Es un proceso que puedo gestionar. No hay errores, ni fracasos, todo es aprendizaje.
Merezco lo mejor. Merezco ser feliz. Voy a por ello.