Cuando hablamos de poner límites en el trabajo, seguramente viene a tu mente el entorno de trabajo.
Entonces, puedes pensar en las dificultades que tienes para poner límites al jefe, a los correos electrónicos, a las personas de tu equipo, a tus clientes, colaboradores, el horario laboral que te saltas a menudo, las pausas que no respetas…
Si sufres estrés laboral, seguramente te cuesta poner límites entre tú y las demandas laborales.
La cuestión de los límites, incluye otro aspecto más profundo y menos visible.
Es un aspecto íntimamente relacionado con la capacidad de comunicar nuestras necesidades de forma asertiva. Es decir, priorizando tus necesidades, sin subordinarlas al entorno laboral. Sin amedrentarte por las demandas o las exigencias.
Existe un itinerario en el camino de poner límites.
Un primer paso, nos confronta con decir que no.
Aprender a decir que no, de manera saludable, significa ser capaz de decir que no sin justificarte. Porque la justificación está vinculada con la culpa inconsciente asociada a pensamientos del tipo:
Un buen profesional lo da todo. Podría hacerlo el fin de semana. Debería trabajar más.
Esta manera de decir que no, crea conflicto interno, y más estrés.
La forma saludable de decir que no, es aquella en la que, contemplando el entorno, mantenemos la estabilidad suficiente para proteger la integridad de nuestro espacio personal.
Un aspecto anulativo desnudo de agresividad, que se sustenta en la seguridad interna.
Si te pregunto cómo pones límites, posiblemente imaginarás todo lo que te estresa en tu trabajo. Y la dificultad que encuentras en ampliar los límites hacia fuera.
¿Qué hay de los límites que te autoimpones?
Un segundo paso en el camino de poner límites de forma saludable, es reducir los límites hacia dentro.
Esto es cuidar de ti, de manera saludable, centrar tu atención en cómo estás, saber qué necesitas a nivel físico, mental y emocional, para lo cual se requiere, en primer término, tiempo para escucharse. Luego, encontrar la manera de satisfacer tus necesidades, dentro de lo que sea asumible para ti.
Significa aprender a decir que sí a lo que te hace bien, decir sí a prestarte atención, a tomar decisiones más amables para ti, darte algún capricho. De nuevo, todo ello sin culpa.
Y este segundo aspecto generativo, es el detonante de los autosabotajes.
Los autosabotajes se originan en tus creencias limitantes.
Me gustaría cambiar de trabajo pero no puedo. No tengo tiempo, ya empiezo mañana. Es lo que hay, la vida es sacrificio. Voy tirando. No soy capaz.
Tus creencias limitantes se originan frecuentemente en el inconsciente del sistema familiar donde naciste.
En las circunstancias que has vivido.
En el contexto personal y profesional que te ha tocado en suerte.
Es muy caro, no puedo permitírmelo. Me ayudaría esto, pero no es el momento. Cuando mis hijos sean mayores. Cuando me jubile. Cuando se jubile el jefe. Si tampoco estoy tan mal. No debería quejarme.
En general, aprendemos a poner todos los límites hacia dentro.
Por eso, no te sientas culpable si descubres algunos autosabotajes en estas líneas. Es cuestión de lo que vives, y de cómo eso te condiciona después.
Afortunadamente, siendo conscientes de ello, podemos cambiar esos patrones.
La primera clave es que te des cuenta. El paso previo, es observar tus pensamientos, porque ahí aparecen los autosabotajes.
Cuando vas en piloto automático, no puedes detectar nada. Si no puedes detectar nada, no puedes cambiar nada.
Finalmente, habrás renunciado demasiado. Porque renunciar a ti es demasiado.
La segunda clave, es que te permitas, poco a poco, más de lo que te permites ahora.
Esto implica expandir la mente, abrir espacios de claridad, de calma mental.
El campo de tus pensamientos crea tu realidad. Si en tu mente predominan los autosabotajes, tu vida entera será un autosabotaje. Una prisión donde “lo bueno” estará prohibido para ti.
Y culparás al entorno, a lo de fuera, porque es más fácil. Hasta que aceptes que, en realidad, has estado renunciando demasiado.
Mindfulness o conciencia plena no es un misterio reservado a unos pocos.
Es un entrenamiento mental que nos permite silenciar el ruido interno (rumiación) reduciendo el estrés laboral y el burnout, con sus síntomas asociados, como la apatía o la ansiedad.
Desde un estado mental más limpio y claro, te das cuenta de dónde te autosaboteas.
Por otro lado, el entrenamiento en compasión, nos permite ofrecernos un trato más amable, rompiendo los patrones de la autoexigencia y el juicio, que a menudo traen mayor estrés y sufrimiento.
Hoy quiero recordarte que otra mirada hacia ti misma-o es posible. Sencillamente, no aprendiste cómo hacerlo, y renunciaste demasiado.
Por eso…
Hoy te veo, te honro, te reconozco.